INVESTIGACIÓN

El sueño de todo jugador de fútbol profesional

Carlos Benítez Franco es médico especializado en Deporte y graduado de la Maestría en Neurociencias de la Universidad Nacional Arturo Jauretche. El especialista lleva adelante un estudio que analiza la relación entre las alteraciones del sueño y el rendimiento deportivo en futbolistas de alta competencia.


En un fútbol profesional cada vez más tecnologizado, con drones para ver los entrenamientos, GPS en cada jugador, el VAR acompañando los arbitrajes y un seguimiento individual y colectivo de los equipos durante todo el día, supervisados por profesionales en nutrición, psicología y medicina, surge un nuevo momento en la vida profesional de los futbolistas que también deberá analizarse para comprender su rendimiento en el campo de juego: el sueño.

“Así como hace diez o quince años atrás no había analista de rendimiento, no había psicólogo, no había coach, ni analistas de video en los equipos de elite y ahora los hay, en el futuro cada equipo de elite va a tener un especialista en análisis de sueño y rendimiento”, señala a Argentina Investiga Carlos Benítez Franco, médico especializado en deporte y graduado de la Maestría en Neurociencias de la Universidad Nacional Arturo Jauretche, luego de presentar su tesis llamada “Alteraciones del sueño y rendimiento deportivo en futbolistas de alta competencia”. Fue médico deportólogo de la AFA. También fue jefe médico de la Federación Peruana de Fútbol durante las eliminatorias y el Mundial de Rusia 2018. Esa selección peruana, dirigida por el argentino Ricardo Gareca, logró clasificar al mundial luego de 36 años sin participar en la máxima competencia entre selecciones de FIFA.

–¿Qué relación hay entre el sueño y el fútbol profesional?

–Creo que es uno de los aspectos relevantes en cualquier deporte. Pero para nosotros el fútbol tiene una implicancia especial y, sobre todo, con la participación que ha tenido la Argentina en el último mundial. En este sentido, pasa a ser un tema que está en boca de todos. El sueño es uno de los pilares del rendimiento, junto con otros aspectos como la nutrición, el entrenamiento y otras cuestiones que tienen que ver con aspectos psicológicos o estados de ánimo, que también tienen una relación bidireccional con el sueño. O sea que el sueño, de alguna manera, influye en todo y todavía no está tan estudiado. De a poco va tomando protagonismo esta disciplina dentro del deporte y especialmente en el alto rendimiento.

Su estudio se basó en el seguimiento de 24 futbolistas varones, profesionales de la Selección Nacional de Costa Rica, durante diez días de concentración que incluyeron tres partidos por eliminatorias para el Mundial de Qatar 2022.

–¿Cómo se realizó este estudio? ¿Qué fue lo que midieron?

–El estudio empezó muchos años antes. Nosotros presentamos los datos para mi tesis junto con mi directora, Mariana Bendersky, que fue una guía muy importante para realizar la presentación. Previamente tuve la experiencia de ser jefe médico de la selección de Perú y tuvimos participación en partidos de eliminatorias, amistosos y en el Mundial de Rusia 2018. Ahí se hizo la primera experiencia en el mundo de medición del sueño en futbolistas de selección. Después, con el mismo grupo de investigación, trabajamos con la selección mexicana cuando participaron en la Copa de Oro en Estados Unidos. Y luego se dio la oportunidad de medir a la selección de Costa Rica. Viajamos a Centroamérica y seguimos durante diez días a esta selección midiendo distintas variables de sueño y rendimiento que después se usaron para presentar el estudio. Fueron diez jornadas que incluyeron tres partidos oficiales, que también es la primera vez que se hace, porque anteriormente no se habían podido recolectar datos en estas condiciones y con un grupo muy de elite.

–A veces en el fútbol hay cuestiones que parecen de vida o muerte, por ejemplo, una final o la pelea por no descender. ¿Esos factores también inciden en el sueño de los jugadores?

–Sí, por supuesto. Uno de los pilares del rendimiento, junto con el sueño, la nutrición y el entrenamiento, es el aspecto psicológico y obviamente lo emocional juega un rol fundamental. Si bien este trabajo no estudió ese aspecto, hay varios estudios que muestran cómo una alteración del sueño provoca alteraciones en el estado de ánimo. Una de las partes que hace a la función cerebral tiene que ver con las emociones. Si lo ponemos en términos neurocientíficos, al restringir la cantidad de horas de sueño, el estado de ánimo, el humor, la motivación; todos los aspectos que hacen a la experiencia emocional del sujeto se reducen o tienen una connotación negativa. Por el contrario, los deportistas que logran un buen descanso obtienen beneficios en cuanto al rendimiento y el resultado. Y no pasa sólo por la cantidad de horas. La calidad tiene otros componentes como, por ejemplo, la cantidad de veces que uno se despierta durante la noche o que abandona la cama. Porque puedo estar ocho horas en el lecho, pero por ahí en ese tiempo dormí seis o menos y me levanté cinco veces durante la noche para tomar agua, para ir al baño, para contestar una llamada. Además, si tenemos en cuenta que los deportistas de elite están generalmente en otra parte del planeta con respecto a donde está su familia y sus afectos, eso hace que sea más fácil que se interrumpa el sueño. Tiene mucho que ver el aspecto emocional con el control del sueño e incide mucho en el rendimiento y en el resultado.

–¿Cómo se mide si un plantel o determinado jugador está durmiendo bien?

–El método estándar se llama polisomnografía. Se usa en los laboratorios de sueño. Se conectan un montón de cables en la cabeza, una banda en el pecho que registra el electrocardiograma, un electrodo que registra los movimientos oculares, este método es muy complejo. Lo que nosotros utilizamos es un dispositivo de última generación que no toma contacto con el sujeto. Se coloca debajo del colchón y es un hardware que tiene la capacidad de detectar el movimiento, actúa como un acelerómetro triaxial, en los tres ejes del movimiento, detecta los giros, las sacudidas, las veces que abandona la cama y cualquier movimiento que haga el deportista. Registra distintas ondas que emite el sujeto, por ejemplo: la frecuencia cardíaca, la respiración tiene otra frecuencia y cada parte del cuerpo tiene una emisión de una onda, una frecuencia diferente. El dispositivo lo capta y tiene la capacidad de, a través de un software de procesamiento matemático, mostrarnos en números y en gráficos la cantidad de horas de sueño, los despertares, el tipo de sueño, de movimientos oculares rápidos o sueño lento, que son distintas fases en que se divide el sueño y que hacen a la calidad. Nosotros tenemos la capacidad de monitorearlo online, incluso a distancia, y se puede ver en una pantalla cómo está durmiendo cada uno o si se está moviendo y abandonó la cama. Tenemos métricas de cada una de esas variables, y al día siguiente le podemos dar una devolución al cuerpo técnico para que se pueda hacer un ajuste en el caso de que haya deportistas que no estén respondiendo bien a las expectativas.

–¿Y ese ajuste cómo se realiza?

–Hacemos como una especie de semaforización: ponemos a los deportistas en rojo-amarillo-verde, una escala de puntuación donde lo más importante es la calidad del sueño que sale a partir de distintas variables que va de 0 a 100, una fórmula que tiene que ver con cuántas horas durmió o cuántas veces se despertó, cuántas veces salió de la cama, si tuvo sueño profundo suficiente. Después hay otros parámetros. El dispositivo tiene capacidad de detectar cerca de veinte variables diferentes; incluso hay un patrón muy importante que es la variabilidad de frecuencia cardíaca, que es la distancia entre latido y latido del corazón. Esa variabilidad tiene un comportamiento a lo largo de la noche que habla de que el deportista está tolerando bien las cargas de entrenamiento y que se recuperó. Si tiene un comportamiento diferente, quiere decir que no está tolerando bien las cargas. Es otro aspecto importante que vemos.

Del total de variables, les damos tres o cuatro como respuesta a los responsables de organizar la actividad de los deportistas y luego ellos ajustan la sesión de entrenamiento o coordinan mejor para organizar la siesta. Porque lo que se ve es que cuando uno no da consignas puede haber un deportista que duerma tres o cuatro horas de siesta, lo cual es contraproducente, porque es malo tanto el exceso como el déficit. Si vos no dormís siesta, no haces una buena recuperación (sobre todo porque estos deportistas se entrenan en doble turno generalmente). Pero si vos dormís de más, eso te altera la calidad del sueño nocturno de la noche siguiente. En estas experiencias encontramos deportistas que, por ejemplo, dormían cuatro horas de siesta, otros que abandonaban el lecho cuatro, siete u once veces durante la noche. Y eso es lo más objetivo que se registra, porque al dejar de tomar contacto con el aparato queda registrado que no está en la cama.

–¿Hay conciencia en los deportistas acerca de la importancia del sueño o es un tema nuevo, incluso a este nivel de la alta competencia?

–Es muy nuevo, pero cada vez hay más conciencia. Aunque se observan diferencias entre el deportista sudamericano y el europeo. El deportista europeo de elite tiene otro acercamiento a estas cuestiones. Por ejemplo, Cristiano Ronaldo utiliza una aplicación a medida para controlar estas variables. Erling Haaland, que aún es joven ya que tiene 23 años, usa un anteojo con filtro para las pantallas de computadora o tablet, que no permite pasar la luz blanca que generan estos dispositivos y provoca una alteración del sueño porque disminuye la melatonina (hormona que se libera para regular el ritmo circadiano).

Cuando llevamos este dispositivo por primera vez a la selección de Perú, algunos se quejaban de que no los dejaba dormir, o de que se sentían incómodos, invadidos. Pero es imposible porque el dispositivo no los toca, ni se enteran porque está debajo del colchón mandando señales, es un emisor de señal wi-fi. Capta las ondas del movimiento del deportista y las envía a una antena, que es la que tomamos nosotros para almacenar y después procesar los datos. Hay muchos antecedentes de estudios que muestran que el déficit de sueño aumenta el riesgo de lesiones. El deportista, al perder capacidad ejecutiva, capacidad de toma de decisiones, reducirse la velocidad de reacción, no solo baja el rendimiento motor o el rendimiento deportivo en cuanto a conversión, duelos, quites de pelota, sino que aumenta el riesgo de lesiones y sobre todo del traumatismo encéfalo craneano, que es una cosa grave.

–Diste el ejemplo de Ronaldo e inevitablemente también pensamos en Messi. ¿Existe una mayor capacidad de conciliación del sueño de los jugadores más destacados?

–Bueno, los que son buenos, son buenos en todo. Es lo que los hace distintos de los comunes mortales. A Messi no lo medí, me encantaría. Pero lo que hemos observado es que los que son buenos, los jugadores destacados, en general tienen una excelente calidad de sueño. Es uno de los tantos atributos que tienen, además de la capacidad técnica y táctica.

–¿Cuáles son las cuestiones que afectan el sueño de los jugadores?

–Lo que más afecta es el entrenamiento. Por eso los equipos ahora tienen analistas de rendimiento que miden con distintos instrumentos cómo rinden los jugadores, el estado de ánimo. También los equipos tienen nutricionistas. Hay muchas cuestiones que afectan, por ejemplo, el grado de cafeína en la dieta o de otros estimulantes: café, té, mate, Coca Cola y sobre todo muchos suplementos que consumen los deportistas. La otra cuestión relacionada con la dieta es la hidratación: si me hidrato de más, me tengo que levantar a la noche a miccionar, eso también es una forma de alterar el sueño. Otro aspecto es la iluminación de los estadios, que tienen una cantidad de luz que excede ampliamente los estímulos habituales y eso de por sí provoca una inversión de la síntesis de melatonina. Después, las pantallas del televisor, el celular, la computadora, la tablet, es luz azul que tiene una longitud de onda que también afecta. Pero el aspecto más importante es el entrenamiento. Si el entrenamiento se hace muy intenso o muy tarde, no respeta el tiempo que se requiere para recuperarse antes de ir a dormir, entonces, quedan con un grado de sobreexcitación que altera el sueño. Hay muchos otros, pero básicamente son esos.

–¿Estas causas que generan trastornos e impiden un sueño de calidad pueden ser objeto de lo que usted plantea en el trabajo sobre una aplicación futura o un método para la higiene del sueño?

–Sí, esto es una de las ideas fundamentales. Si tenemos evidencia suficiente de que, además de las alteraciones comunes, como tiene toda la población, por ejemplo, trastornos de sueño como la apnea, los ronquidos, los despertares o la reducción de la cantidad o la calidad, los deportistas tienen mucho más riesgo de tener alteraciones por todas estas cosas; si tuviéramos un sistema, una aplicación sistemática que pudiera registrar todo esto, nosotros podemos intervenir con protocolos de higiene del sueño. Una se llama banking, una especie de ahorro de sueño: cuando hay fatiga, estrés o alteraciones de la variabilidad de la frecuencia cardíaca, una de las formas mejores de corregirlo es hacer banking, aumentar el tiempo de sueño. La otra forma es regular las siestas: deberían ser de no más de 30 a 40 minutos, no más allá de las 16 o 17 horas, porque después se altera el sueño siguiente. También reducir el contenido de cafeína, sobre todo a partir de las 17 horas, evitar los entrenamientos muy tarde a la noche o muy temprano a la mañana, porque hay gente que necesita dormir un poco más. Entonces, si yo lo despierto a las 7.30 para ir a entrenar, le estoy quitando tal vez su mejor parte del sueño profundo que es el de las últimas horas de sueño. Y muchas otras cuestiones como, por ejemplo, la estimulación con luz para regular lo que se llama el ciclo circadiano, usar melatonina como fármaco para regular los procesos que están desregulados, e intervenciones nutricionales, consumiendo frutos rojos o algún derivado de ellos, leche tibia, algunos carbohidratos, y muchas otras cosas que nos permiten intervenir y mejorar.

–¿Un buen análisis del sueño podría incidir sobre el juego?

–La idea es que con este dispositivo hasta se pueda predecir el resultado. Por ejemplo, si tuviera los análisis de sueño de los jugadores que participaron en la final entre Argentina y Francia, me podría animar a apostar con cierta certeza a quién le va a ir mejor.

–Podemos pensar por dónde atacar al rival. ¡Vamos por la izquierda que el marcador de punta durmió mal!

–¡Exactamente! Así como hoy en día los equipos tienen personal que intenta “espiar” las prácticas de los rivales y cuentan con analistas de videos, imaginate si tuvieran los datos de sueño.

Producción Periodística:
Julio Longa, Andrea Romero y Damián Ierace

Responsable Institucional:
Julio Longa
Universidad Nacional Arturo Jauretche

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