18/11/2016
Inauguración del ENYS
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En la vida de las personas, las instituciones e incluso los países,  hay momentos que la memoria objetivada en relatos los transforman en hitos fundantes. Más aun cuando de estos se desprenden hechos tangibles como el que hoy estamos celebrando.

Estos recortes del tiempo se vuelven importantes, no tanto por los hechos que constituyen en si mismo, sino, porque están investidos de la capacidad de transformarse en banderas y escudos en tiempos hostiles.

Cuando el  General Paez en 1819 temió por la efectivización de un proyecto como el que implicaba la liberación de un pueblo, Simón Bolívar con la calma de quien se sabe al servicio de la gente, le respondió: “Hagamos lo imposible, porque de lo posible se encargan los demás todos los días”.

En los últimos meses los científicos y científicas de nuestro país nos vimos obligados a fortalecer nuestras redes de solidaridad, así como a llenar las trincheras de resultados que justificasen nuestro trabajo y formación. No hay batalla que se pueda ganar individualmente. Es necesaria siempre la presencia de un colectivo, de muchas mentes  que caminen para un mismo lado. Ya sea levantando las banderas de nuestro gremio, ATE, o generando nuevos espacios, productores de vocanadas de aire, como lo es el de Científicos y Universitarios Autoconvocados y el de Ciencia y Técnica Argentina.

Pensar la memoria como un proceso colectivo, donde nadie recuerda solo. Donde todos somos parte de las percepciones de otros y accionares conjuntos. En este marco la construcción del sentido común que coloca a los científicos fuera del alcance de los “mortales” nos hace redoblar la apuesta de quiénes y cómo queremos hacer ciencia.

Y esa apuesta, como las más grandes batallas, tampoco se puede ganar estando solo.  Construir pensando en la posibilidad de trabajar para otro. Que contribuya a mejorar la calidad de vida de los enfermos que nosotros asistimos, y que la información obtenida para establecer el diagnóstico mas acertado y el mejor tratamiento pueda ser trasladada al conocimiento científico y viceversa, en un sinfín virtuoso. Un saber que no este encriptado.  Producir e investigar para que este conocimiento pueda ser tocable, cuestionado, reformado, disputado.

En la literatura se han escrito habitaciones enteras de personas reflexionando sobre el lugar que ocupa la memoria, las palabras, los miedos, las alegrías en nuestro cuerpo. Es la curiosidad sobre estos secretos lo que se transformo en motor para la creación de piezas literarias trascendentales. También es un muy frecuente tema de discusión incluso entre los niños ¿por qué lloramos? ¿por qué yo no me acuerdo y mi hermano si? ¿por que mi perro no me responde?.  La ciencia tiene la capacidad de volverse permeable a preguntas y problemáticas de la vida cotidiana y transformarlas en material de estudio. Las investigaciones en torno a las neurociencias estudian esencialmente las bases materiales de la cognición y el comportamiento a lo largo de la vida humana y a través de modelos experimentales, tanto en condiciones normales como en situaciones patológicas.

Esta Unidad Ejecutora nace de un entramado de proyectos, batallas, hitos y valores que disputamos y defendemos todos los días. Nace también de la creencia en la ciencia y en los imposibles cercanos.  Pero sobre todo, es imaginada y proyectada para retribuir con nuestro trabajo a la comunidad donde nos alojamos en primer lugar, y al resto de nuestra gente, a los estudiantes de grado y de post-grado, a los pacientes y entonces si encontrar el reconocimiento de aquellos para los que trabajamos. Que lejos están de ser quienes deciden un puntaje en la revista más prestigiosa, o el tan engorroso SIGEVA, o la tan temible y renovada idea de meritocracia.

La coyuntura actual en nuestra Latinoamérica nos llena muchas veces de discursos negativos, de posturas ancladas en el tiempo. Es tiempo de valientes. De jóvenes científicos. De nuevas voces que escuchen sintiendo que pueden ser escuchadas y valoradas. Es tiempo de crear y trabajar duro por lo que consideramos es el modelo de ciencia que queremos tener, crear o defender.

Claro que, la valentía también es algo que cada uno lo mide con su propia vara. Pero no siempre hay que ser tan cuantitativos.

Quiero agradecer a los que hicieron posible la creación de esta Unidad, en primer lugar a mis compañeras y compañeros que somos parte de la ENYS, y que desde el primer día aceptamos el desafío de este proyecto, que hoy esta en marcha; a Arnaldo Medina por ser el motor y soporte esencial de esta idea, a Liliana Sacco, Luisa Baigorria y Mirta Flawia por su apoyo desde el CONICET, a Ernesto Villanueva por habernos invitado y a Daniela Alvárez desde la UNAJ, a Ricardo Campodónico, habiendo asumido la dirección del Hospital con este proyecto en marcha, nos brindo todo su apoyo, y a Silvina Lespiau. A las autoridades aquí presentes, a las/ los compañeras y compañeros míos y de nosotros que vinieron a acompañarnos hoy y siempre. A mi familia y a mis amigas y amigos.

Con la certeza de quién se sabe acompañada por un grupo de profesionales comprometidos y creativos. Me llena de emoción y esperanza estar a cargo de esta Unidad Ejecutora. Pudiendo celebrar las múltiples perspectivas y trayectorias que en ella se anudan y disponen a continuar. Porque soy una convencida de que este 17 de agosto del 2016 como supo decir el Gral. San Martín … siendo libres, lo demás sigue sin  importar nada.

 

 

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