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Cirugía de epilepsia: cuando la evidencia científica se encuentra con una historia de vida

La epilepsia puede implicar desafíos complejos, no solo por las crisis, sino también por el impacto social, emocional y laboral que conlleva. La cirugía de epilepsia, en pacientes cuidadosamente diagnosticados y evaluados, puede representar una oportunidad concreta de cambio. Historias de pacientes muestran que detrás de cada intervención hay algo más que un procedimiento médico: hay proyectos de vida que se recuperan.


Alejandro Amarilla, paciente del HEC

La epilepsia es una de las enfermedades neurológicas más frecuentes a nivel global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a aproximadamente 50 millones de personas en todo el mundo, y cerca del 70% podría vivir sin crisis si accediera a un diagnóstico y tratamiento farmacológico adecuado. Sin embargo, una proporción significativa de pacientes continúa presentando crisis pese a la medicación, lo que abre la puerta a otras alternativas terapéuticas, entre ellas la cirugía de epilepsia.

La evidencia científica respalda que la cirugía puede ser una opción eficaz en personas con epilepsia farmacorresistente, es decir, cuando las crisis no logran controlarse con medicación. En estos casos, un proceso riguroso de evaluación prequirúrgica permite identificar a los candidatos adecuados y maximizar las probabilidades de éxito, con impacto directo en la calidad de vida.

El testimonio de Alejandro Amarilla

En este contexto, las historias de pacientes adquieren un valor fundamental para comprender el alcance real de estas intervenciones. Alejandro Amarilla cursó licenciatura en alto rendimiento deportivo, es profesor nacional de educación física y entrenador nacional de triatlón y canotaje. Experimentó su primera crisis epiléptica a los 16 años. A lo largo de los años, atravesó distintos tratamientos farmacológicos sin lograr un control sostenido de las crisis, que llegaban a presentarse cada cinco o seis días.

Su recorrido lo llevó al sistema de salud especializado. Inició su evaluación en el Hospital El Cruce y tras un proceso integral de estudios, fue considerado candidato a cirugía de epilepsia. La intervención se realizó el 15 de diciembre de 2025. Hoy, Alejandro se encuentra sin crisis.

Este cambio marcó un antes y un después en su vida. No solo desde el punto de vista clínico, sino también en dimensiones personales, familiares y laborales. La posibilidad de proyectar una vida sin crisis le permitió recuperar autonomía, fortalecer vínculos y retomar con plenitud su pasión por el deporte. “Es un cambio total. Volví a tener una vida plena”, resume.

Un mensaje para pacientes y familias

La epilepsia puede implicar desafíos complejos, no solo por las crisis, sino también por el impacto social, emocional y laboral que conlleva. La OMS advierte que las personas con epilepsia enfrentan con frecuencia estigmatización y barreras en su vida cotidiana.

Sin embargo, también existe un mensaje claro desde la evidencia y la práctica clínica: hay alternativas efectivas. La cirugía de epilepsia, en pacientes cuidadosamente diagnosticados y evaluados, puede representar una oportunidad concreta de cambio. Historias como la de Alejandro muestran que detrás de cada intervención hay algo más que un procedimiento médico: hay proyectos de vida que se recuperan.

Para quienes están transitando la evaluación como posibles candidatos, y para sus familias, el camino puede generar incertidumbre. Pero también puede abrir la posibilidad de una vida con menos limitaciones, más autonomía y nuevas oportunidades. El acompañamiento de equipos especializados, la información basada en evidencia y el acceso a centros de referencia son claves en este proceso. La ciencia avanza, y con ella, también las posibilidades. Y en ese recorrido, cada historia cuenta.